Helena apenas podía respirar.
A pocos centímetros de ella permanecía inmóvil el hombre que la había acompañado durante toda aquella peligrosa huida.
Ambos estaban cubiertos de polvo y heridas. Sus ropas tácticas estaban rasgadas y manchadas después de horas intentando escapar por aquella zona montañosa.
La noche los había envuelto por completo.
No había luces.
No había caminos visibles.
Solo rocas, árboles y una pendiente que descendía hacia un valle oscuro.
Entonces escucharon pasos.
El hombre abrió apenas los ojos.
—Helena, no te muevas.
Ella quiso preguntarle qué estaba ocurriendo, pero él acercó los labios a su oído.
—Tenemos que fingir que estamos muertos.
Helena sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.
—¿Qué?
—Si nos encuentran vivos, no saldremos de aquí.
Los pasos se acercaban.
Helena cerró los ojos.
Por primera vez desde que había comenzado aquella persecución, comprendió que el peligro estaba a pocos metros de ellos.
Los perseguidores llegaron a la montaña
Dos siluetas aparecieron entre las rocas.
Una mujer vestida completamente de negro avanzaba con cuidado, seguida por un hombre que llevaba un chaleco táctico.
Ambos observaban el terreno en silencio.
Helena mantuvo los ojos cerrados.
Intentó controlar la respiración mientras escuchaba las botas acercándose.
Uno de los perseguidores se detuvo junto al hombre.
—Aquí están.
La mujer de negro se acercó.
Durante unos segundos nadie habló.
Helena sintió que aquella espera era incluso más aterradora que la persecución.
El hombre que estaba junto a ella permanecía completamente inmóvil.
El perseguidor se inclinó para comprobar si seguía con vida.
Después de unos instantes, se incorporó.
—No hay nada que hacer.
La mujer observó los cuerpos desde arriba.
—¿Estás seguro?
—Sí.
El hombre hizo un gesto de tranquilidad.
—Podemos irnos.
Helena escuchó cómo los dos se alejaban lentamente.
Pero todavía no abrió los ojos.
Había aprendido que, en una situación como aquella, un segundo de impaciencia podía costarlo todo.
El silencio después del peligro
Pasaron varios segundos.
Luego unos minutos.
Los pasos desaparecieron por completo.
El hombre esperó todavía un poco más.
Finalmente, giró ligeramente la cabeza.
—Ya se fueron.
Helena abrió los ojos.
Respiró profundamente.
Por unos instantes ninguno de los dos habló.
La tensión seguía presente.
Helena miró hacia el lugar por donde habían desaparecido los perseguidores.
—¿Quiénes eran?
El hombre no respondió inmediatamente.
Su expresión había cambiado.
Hasta ese momento, Helena había pensado que aquellos hombres y aquella mujer los perseguían porque querían recuperar unos documentos que ambos habían encontrado.
Pero ahora parecía haber algo mucho más grave.
—Tengo que decirte algo.
Helena lo miró.
—¿Qué cosa?
Él respiró profundamente.
—Lo de Julián fue planeado.
Helena quedó inmóvil.
El nombre que cambió la conversación
Julián no era un nombre cualquiera.
Había sido una de las personas más importantes dentro de la investigación que los había llevado hasta aquella montaña.
Durante semanas, Helena había creído que su desaparición había sido consecuencia de una operación que había salido mal.
También había pensado que los documentos que Julián les entregó antes de desaparecer eran una prueba de que alguien había traicionado al grupo.
Pero nunca imaginó que la historia pudiera ser diferente.
—¿Qué quieres decir con que fue planeado?
El hombre miró alrededor.
—No hables tan alto.
Helena bajó la voz.
—Explícame.
—Julián no desapareció por accidente.
Helena sintió un escalofrío.
—¿Entonces qué pasó?
—Lo utilizaron.
La respuesta dejó a Helena confundida.
—¿Quiénes?
El hombre negó con la cabeza.
—Todavía no podemos saberlo con certeza.
—¿Y tú cómo sabes todo esto?
Él guardó silencio.
Helena comenzó a comprender que su compañero llevaba información que nunca había compartido con ella.
Y eso la enfureció.
—Me has ocultado cosas.
—Lo hice para protegerte.
—¡No necesitaba que me protegieras! Necesitaba saber la verdad.
El hombre la miró fijamente.
—Si te la hubiera contado antes, probablemente no habrías venido conmigo.
La conspiración comenzó mucho antes
Helena intentó ponerse de pie, pero el dolor la obligó a apoyarse nuevamente sobre una roca.
—Empieza desde el principio.
El hombre dudó.
Después decidió que ya no tenía sentido seguir ocultándolo.
—Julián descubrió que alguien estaba manipulando la investigación desde dentro.
Helena frunció el ceño.
—¿Dentro de qué?
—Del grupo que nos contrató.
Helena recordó las últimas semanas.
Las órdenes contradictorias.
Las reuniones canceladas.
Los documentos que desaparecían.
Las personas que parecían saber exactamente dónde estaban ellos antes de que llegaran a cada lugar.
Todo comenzó a adquirir sentido.
—Por eso siempre nos encontraban.
Él asintió.
—Alguien estaba informando nuestros movimientos.
Helena sintió un vacío en el estómago.
—¿Julián descubrió quién era?
—No completamente.
—Entonces, ¿por qué dices que lo de él fue planeado?
El hombre sacó de uno de los bolsillos una pequeña pieza de papel protegida dentro de una funda.
Helena la reconoció inmediatamente.
Era parte de los documentos que habían estado buscando.
—Julián dejó esto antes de desaparecer.
Helena lo observó.
Había una serie de nombres y fechas.
Pero había algo más.
Uno de los nombres estaba marcado.
Helena levantó la mirada.
—¿Quién es?
El hombre no respondió.
—Dímelo.
—Es alguien que conocemos.
Una traición dentro del grupo
Helena sintió que la tensión regresaba.
—¿Alguien de nuestro equipo?
El hombre asintió.
—Julián sospechaba que una persona cercana estaba entregando información.
—¿Y tú lo sabías?
—Descubrí la verdad después.
—¿Cuándo?
—La noche en que Julián desapareció.
Helena recordó aquella noche.
Recordó la última conversación que había tenido con Julián.
Él parecía preocupado.
Le había dicho que, si algo salía mal, no confiara en nadie.
Helena había pensado que se refería a los perseguidores.
Ahora comprendía que quizá había estado hablando de alguien mucho más cercano.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque no sabía si podía confiar en ti.
Helena lo miró con incredulidad.
—¿Después de todo lo que hemos pasado?
—Precisamente por eso.
El hombre guardó nuevamente el documento.
—La conspiración no consiste solamente en descubrir quién nos persigue. Alguien quiere que encontremos ciertas pruebas. Quiere que sigamos exactamente el camino que ellos han preparado.
Helena sintió que la situación era todavía más peligrosa de lo que había imaginado.
El verdadero objetivo
—Entonces, ¿por qué nos dejaron vivos?
El hombre la miró.
—Porque creen que estamos muertos.
Helena comprendió inmediatamente.
La falsa muerte no solamente les había permitido sobrevivir.
También les había dado una ventaja inesperada.
Sus perseguidores ahora creían que la amenaza había desaparecido.
Eso significaba que, por primera vez, podían moverse sin que los enemigos supieran que seguían con vida.
Pero aquella ventaja tenía un precio.
Helena preguntó:
—¿Qué hacemos ahora?
El hombre miró hacia el valle.
—Encontramos la prueba que Julián escondió.
—¿Dónde?
—En el único lugar donde ellos nunca buscarían.
Helena esperó una explicación.
Pero el hombre permaneció en silencio.
—¿Dónde?
—En el lugar donde comenzó todo.
Helena intentó recordar.
De repente, una posibilidad apareció en su mente.
—La vieja estación.
El hombre asintió.
—Exactamente.
La decisión de Helena
Helena miró nuevamente las heridas de ambos.
Estaban agotados.
Necesitaban descansar.
También necesitaban encontrar ayuda.
Pero regresar por el camino habitual significaba exponerse nuevamente.
—No podemos ir directamente a la estación.
—Lo sé.
—Entonces necesitamos otro camino.
El hombre sonrió ligeramente.
—Ahora estás pensando como Julián.
Helena bajó la mirada.
El nombre volvió a dolerle.
—Quiero saber qué le ocurrió.
—Lo sabremos.
—Y quiero saber quién nos traicionó.
—También.
Helena tomó aire.
—Entonces vamos.
El hombre intentó levantarse.
Esta vez fue Helena quien lo ayudó.
Ambos avanzaron lentamente entre las rocas.
Sabían que todavía estaban en peligro.
Pero ahora tenían algo que antes no tenían.
Una verdad.
La última señal de Julián
Antes de abandonar aquella zona, Helena se detuvo.
—Espera.
El hombre se giró.
Helena señaló el suelo.
Había algo entre las piedras.
Una pequeña pieza metálica.
La recogió.
Tenía grabadas unas iniciales.
Las mismas que aparecían en uno de los documentos de Julián.
El hombre la observó con preocupación.
—No estaba ahí antes.
Helena lo miró.
—Entonces alguien estuvo aquí.
Los dos guardaron silencio.
La falsa muerte había engañado a los perseguidores.
Pero quizá no había engañado a todos.
Helena cerró la mano alrededor de la pieza.
—Tenemos que movernos.
—Sí.
—Y esta vez no podemos confiar en nadie.
El hombre asintió.
Comenzaron a alejarse de la zona.
Detrás de ellos, la montaña volvió a quedar en silencio.
Sin embargo, muy lejos de allí, alguien observaba las imágenes de una cámara oculta.
La persona permaneció frente a una pantalla durante varios segundos.
Después tomó un teléfono.
—No están muertos.
Hubo silencio al otro lado.
—¿Qué hacemos?
La respuesta llegó con una tranquilidad inquietante.
—Déjalos ir.
El hombre que había hecho la llamada pareció confundido.
—¿Está seguro?
—Sí.
La voz respondió:
—Si creen que han descubierto la verdad, nos llevarán directamente hasta lo que estamos buscando.
La llamada terminó.
Mientras tanto, Helena y su compañero continuaban descendiendo por la montaña sin saber que la conspiración era mucho más grande de lo que imaginaban.
Creían haber engañado a sus perseguidores.
Pero quizá la verdadera trampa acababa de comenzar.
Una muerte fingida y una verdad peligrosa
Helena volvió la mirada hacia la oscuridad.
Por un instante recordó el momento en que permaneció inmóvil sobre aquellas rocas, fingiendo estar muerta mientras los enemigos comprobaban que no reaccionaba.
Había pensado que sobrevivir significaba escapar.
Ahora comprendía que sobrevivir también significaba descubrir en quién podía confiar.
Julián había intentado advertirles.
Alguien había preparado su desaparición.
Alguien había manipulado sus movimientos.
Y alguien estaba esperando que ellos mismos condujeran la investigación hasta el lugar que necesitaban encontrar.
Helena apretó el pequeño objeto metálico que llevaba en la mano.
—No voy a dejar que esto termine así.
Su compañero la miró.
—No terminará así.
Ambos siguieron caminando.
La noche todavía era larga.
La montaña todavía escondía demasiados secretos.
Y mientras desaparecían entre las sombras, ninguno de los dos sabía que la siguiente pista podía revelar no solamente quién había traicionado a Julián, sino también por qué todos ellos habían sido perseguidos desde el principio.
La falsa muerte les había salvado la vida.
Pero ahora comenzaba algo mucho más peligroso:
la búsqueda de la verdad.