Congeló tejido de sus ovarios antes de tratarse el cáncer y más de 20 años después logró ser madre

• 9 min de lectura

Congeló tejido de sus ovarios antes de tratarse el cáncer y más de 20 años después logró ser madre

Cuando Kassandra Bacon tenía apenas 17 años, recibió un diagnóstico que cambió sus planes de futuro: linfoma de Hodgkin, un tipo de cáncer que afecta al sistema linfático. Además de luchar por su vida, la joven empezó a preocuparse por algo que muchos adolescentes todavía no tienen que plantearse: la posibilidad de no poder tener hijos después del tratamiento.

La quimioterapia era necesaria para combatir la enfermedad, pero algunos tratamientos contra el cáncer pueden dañar los ovarios y provocar infertilidad. Kassandra sabía que debía actuar rápidamente. No tenía tiempo suficiente para recurrir al procedimiento habitual de estimulación hormonal y congelación de óvulos, así que buscó otra manera de preservar sus posibilidades de ser madre.

Tomó una decisión que entonces representaba una apuesta por el futuro: pedir que conservaran una parte de su tejido ovárico antes de continuar con el tratamiento. Nadie podía garantizarle que esa muestra serviría algún día para tener un bebé. Sin embargo, más de dos décadas después, aquella decisión se convirtió en una parte fundamental de su historia. En septiembre de 2026, a los 44 años, Kassandra dio a luz a su hijo, Landon, después de recibir un trasplante del tejido que había sido congelado cuando era adolescente.

Un diagnóstico que obligó a tomar decisiones difíciles

La historia de Kassandra comenzó con la noticia de que padecía linfoma de Hodgkin. Aunque la primera quimioterapia funcionó, el cáncer reapareció aproximadamente un año después y fue necesario afrontar un tratamiento más intenso. La prioridad era controlar la enfermedad, pero existía otra preocupación que podía tener consecuencias durante el resto de su vida: el efecto de la terapia sobre su fertilidad.

En ese momento, congelar óvulos no era una opción sencilla. El procedimiento suele requerir estimulación hormonal y un periodo de preparación que puede extenderse durante varias semanas. Cuando el tratamiento oncológico no puede esperar, ese tiempo puede no estar disponible.

Según los relatos publicados sobre su caso, Kassandra insistió en que también se considerara la posibilidad de preservar su fertilidad. Los médicos tomaron pequeñas muestras de tejido de sus ovarios para congelarlas antes de que continuara el tratamiento. Las muestras quedaron almacenadas en el Reino Unido, mientras ella se concentraba en sobrevivir al cáncer.

En aquel momento no existía ninguna garantía de que el tejido pudiera utilizarse con éxito muchos años después. La preservación de tejido ovárico era una técnica que todavía se encontraba en una etapa temprana de desarrollo, y el resultado dependía de avances médicos que aún estaban por llegar.

La esperanza quedó guardada durante más de dos décadas

Kassandra sobrevivió, pero los tratamientos dejaron consecuencias importantes. Con el paso de los años, sus ovarios perdieron su función y entró en menopausia precoz. Cuando comenzó a considerar seriamente la posibilidad de formar una familia, descubrió que el daño causado por el tratamiento había reducido considerablemente sus opciones.

La muestra que había conservado antes de la quimioterapia se convirtió entonces en una posibilidad que no quería abandonar. Durante años buscó especialistas que pudieran ayudarla a utilizar el tejido. El proceso no fue sencillo: la conservación se había realizado mucho antes de que entraran en vigor determinadas normas británicas sobre almacenamiento de tejidos reproductivos, lo que complicó la autorización y el traslado de las muestras.

La búsqueda se prolongó durante años, con obstáculos médicos, administrativos y económicos. El caso demuestra que conservar tejido no garantiza que pueda utilizarse después: también es necesario comprobar que sea seguro, encontrar un equipo con experiencia y resolver las cuestiones legales y técnicas relacionadas con su almacenamiento.

Finalmente, Kassandra llegó al Centro Médico Sheba, en Israel. Allí, el profesor Dror Meirow y su equipo evaluaron el material preservado y estudiaron si podía utilizarse sin poner en riesgo su salud. La revisión era especialmente importante porque, en determinados tipos de cáncer, existe la posibilidad de que las muestras de tejido contengan células malignas. El equipo informó que realizó evaluaciones para descartar la presencia de células cancerosas antes del procedimiento.

El trasplante de tejido ovárico en Israel

En mayo de 2024, cuando tenía 42 años, Kassandra se sometió a una intervención para reimplantar tejido ovárico que había permanecido congelado durante más de 23 años. El procedimiento fue realizado por el equipo del Centro Médico Sheba. El objetivo era que el tejido recuperara su función y permitiera reactivar la actividad hormonal de los ovarios.

El trasplante de tejido ovárico consiste en descongelar fragmentos que contienen folículos con óvulos inmaduros y colocarlos nuevamente en el cuerpo. Si el tejido sobrevive, recibe suficiente irrigación sanguínea y recupera su actividad, puede volver a producir hormonas y, en algunos casos, permitir que la paciente produzca óvulos utilizables para buscar un embarazo.

El resultado no está garantizado. Influyen la cantidad y calidad del tejido conservado, la edad de la paciente cuando se obtuvo la muestra, los tratamientos que recibió y otros factores médicos. Por eso, cada caso requiere una evaluación individual y un seguimiento especializado.

La intervención de Kassandra representó un momento decisivo, pero todavía no significaba que fuera a quedar embarazada. Después de tantos años de espera, aún quedaba por comprobar si el tejido podría funcionar y si sería posible conseguir un embarazo.

Volvió a menstruar después de años de menopausia

Meses después del trasplante, Kassandra volvió a menstruar. El regreso de sus ciclos menstruales fue una señal de que el tejido implantado estaba contribuyendo a recuperar la actividad ovárica. Para ella, significaba que el procedimiento había abierto una posibilidad que durante años parecía fuera de su alcance.

Aun así, recuperar la actividad hormonal no equivale necesariamente a conseguir un embarazo. La fertilidad depende de múltiples factores, y el camino de Kassandra todavía incluyó intentos que no dieron el resultado esperado. Con apoyo médico, continuó explorando las opciones disponibles, entre ellas la fecundación in vitro.

En este tratamiento, los óvulos se obtienen y fecundan en un laboratorio; después, un embrión se transfiere al útero. En el caso de Kassandra, la fecundación in vitro formó parte del proceso que finalmente permitió el embarazo. El tratamiento requirió varios intentos, lo que refleja que incluso cuando se recupera la función ovárica, el resultado reproductivo puede ser incierto.

El 25 de diciembre de 2025, Kassandra obtuvo una prueba de embarazo positiva. La fecha convirtió una jornada navideña en un recuerdo especial para ella y su familia. Después de años de incertidumbre, la posibilidad de tener un hijo había dejado de ser solamente una esperanza.

El nacimiento de Landon en septiembre de 2026

El 9 de septiembre de 2026 nació Landon David Bacon. Su llegada culminó un recorrido iniciado cuando su madre era adolescente y tuvo que priorizar el tratamiento de un cáncer sin renunciar por completo a la posibilidad de formar una familia.

Según el Centro Médico Sheba y las informaciones difundidas sobre el caso, se considera que Landon podría ser el primer bebé nacido tras un trasplante de tejido ovárico que había permanecido congelado durante más de 20 años. La afirmación se refiere al tiempo de almacenamiento del tejido utilizado para lograr un nacimiento y no significa que sea el primer bebé nacido mediante cualquier tipo de trasplante ovárico.

El caso destaca por la duración de la conservación y por el tiempo transcurrido entre la extracción del tejido y su utilización. También muestra cómo los avances en medicina reproductiva pueden ampliar las opciones de algunas personas que deben someterse a tratamientos capaces de afectar su fertilidad.

Sin embargo, una historia exitosa no significa que el mismo procedimiento vaya a funcionar en todas las pacientes. La preservación y el trasplante de tejido ovárico requieren selección médica, evaluación del riesgo de reintroducir células cancerosas y un seguimiento especializado. Las posibilidades de éxito varían de una persona a otra.

Por qué la preservación de la fertilidad antes del cáncer es importante

Los tratamientos contra el cáncer pueden afectar la capacidad reproductiva de distintas maneras. Algunos dañan los óvulos, otros alteran la función hormonal y algunos pueden provocar una menopausia temprana. El riesgo depende del diagnóstico, los medicamentos utilizados, las dosis, la edad y otros aspectos del tratamiento.

Por eso, cuando el tiempo y la situación clínica lo permiten, los especialistas pueden conversar con los pacientes sobre las opciones para preservar la fertilidad antes de iniciar la terapia oncológica. Entre ellas están la congelación de óvulos, la congelación de embriones y la preservación de tejido ovárico. No todas las alternativas son adecuadas para todas las personas, especialmente cuando es necesario comenzar el tratamiento con urgencia.

La historia de Kassandra también recuerda que estas decisiones pueden tener consecuencias muchos años después. Para un adolescente que acaba de recibir un diagnóstico de cáncer, pensar en tener hijos en el futuro puede parecer algo lejano. Sin embargo, hablar a tiempo con el equipo médico sobre los posibles efectos del tratamiento puede ayudar a conocer las opciones disponibles.

La preservación de la fertilidad nunca debe retrasar un tratamiento oncológico necesario sin la evaluación del equipo responsable. La decisión debe tomarse de manera individual, considerando la urgencia de combatir el cáncer, la seguridad del procedimiento y los deseos de la persona.

Una historia de perseverancia y avances médicos

La experiencia de Kassandra Bacon no elimina las dificultades que enfrentan las personas que pierden su fertilidad después de un cáncer. Tampoco garantiza que el tejido ovárico congelado pueda utilizarse siempre con éxito. Pero su caso ofrece un ejemplo de cómo una decisión tomada antes del tratamiento, combinada con avances médicos y años de seguimiento, puede abrir una posibilidad que parecía imposible.

La muestra conservada cuando era adolescente no le ofreció una respuesta inmediata. Durante más de dos décadas, su futuro reproductivo siguió siendo incierto. El trasplante, la recuperación de la actividad ovárica y la fecundación in vitro fueron etapas distintas de un proceso largo, cada una con sus propios desafíos.

Con el nacimiento de Landon, aquella decisión adquirió un significado nuevo para Kassandra. Su historia también pone de relieve la importancia de que los pacientes jóvenes reciban información clara sobre los posibles efectos de los tratamientos contra el cáncer y las alternativas para preservar su fertilidad.

Para quienes atraviesan una situación similar, el mensaje no es que exista una solución segura para todos, sino que vale la pena hablar con profesionales especializados antes de comenzar el tratamiento, cuando las circunstancias lo permiten. La medicina no puede prometer resultados, pero la orientación adecuada puede ayudar a tomar decisiones informadas sobre el presente y el futuro.

Kassandra conservó tejido ovárico cuando era adolescente, sin saber si alguna vez podría utilizarlo. Más de dos décadas después, el procedimiento le permitió intentar recuperar su fertilidad y finalmente dio a luz a Landon. Una historia extraordinaria que muestra tanto los avances de la medicina reproductiva como la importancia de preservar opciones cuando la vida obliga a tomar decisiones difíciles.